La época helenística y romana.

 

Comprende desde la muerte de Alejandro, en el 323 a. C. hasta el   31 a. C.

 

A lo largo de medio siglo, los generales de Alejandro se vieron envueltos en continuas guerras por el  poder, hasta que finalmente el imperio quedó dividido en grandes reinos, entre los que sobresalieron :

  • Egipto. Dinastía de los Ptolomeos.
  • Siria y Asia. Reino de los Seleúcidas.
  • Macedonia y Grecia. Reino de los Antigónidas.

En todos estos reinos encontramos rasgos comunes:

  • En el orden político, el Estado está representado por la voluntad soberana del rey, un rey divinizado, que disponía de un ejército propio de mercenarios. La actividad política de las ciudades desapareció integradas dentro de reinos.
  • En el aspecto cultural, Atenas dejó de ser el centro más importante del mundo helénico y con ella rivalizaron Alejandría, Antioquía, Pérgamo, Éfeso y Rodas. Gracias a la iniciativa de los reyes se desarrolló una intensa actividad intelectual y científica, plasmada en la creación de bibliotecas, museos, gimnasios y teatros... 
  • Surgieron religiones universalistas, que se dirigían a toda clase de personas, religiones en las que abundaban elementos mistéricos, mágicos y supersticiosos.

La Grecia propiamente dicha se hundió cada vez más, tras la euforia inicial del progreso económico posterior a las conquistas de Alejandro Magno, debido a que las rutas comerciales se desviaron y el Oriente se autoabastecía.

Políticamente los griegos estaban sujetos a los reyes de Macedonia, con quienes estuvieron en continuos conflictos. Hacia el 200 a. C. los romanos, que ya habían conquistado Italia y Sicilia, comenzaron a intervenir en los asuntos internos de Grecia a favor de unos u otros, según sus intereses. En el 166 a. C. acabaron con la dinastía de Macedonia y en el 146 a. C. (destrucción de Corinto) pusieron fin a la ficción de una Grecia independiente y la transformaron en una provincia más de su imperio.

 

Lo mismo sucedió con los reinos y las ciudades de Asia. En el año 31 a. C. el emperador Augusto se anexionó Egipto, tras vencer a Cleopatra, su última faraona, y Marco Antonio en la batalla de Accio. Egipto era el último reino helenístico aún independiente.

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