Roma. República.

 

El poder en la nueva Roma republicana. Patricios y plebeyos. La sociedad.

 

Tras la expulsión de los reyes y la instauración de la República, en el año 509 a.C., el poder en Roma recayó sobre los patricios, jefes de las primeras y principales familias que habían fundado la ciudad junto a Rómulo. Ellos eran grandes latifundistas y disfrutaban del privilegio de tener el poder político de Roma: sólo ellos formaban el Senado y podían ser elegidos por los ciudadanos para los distintos cargos públicos o magistraturas (entre ellos el cargo de cónsul, dos por año, que eran los que gobernaban Roma). En el Senado hacían las leyes y como cónsules las ejecutaban, o como jueces (pretores) castigaban a los infractores de la ley.

 

Ejercicio. Patricios en el senado. Fíjate cómo visten. ¿Cómo se llama la gran prenda que les cubre y qué significa la franja púrpura? Pincha en este enlace para obtener más información.

Los plebeyos eran la mayoría de los hombres libres que habían obtenido la ciudadanía más tarde, vivían de la artesanía y el comercio o de pequeñas propiedades rurales. A los plebeyos les tocaba pagar sus impuestos, acudir al ejército cuando se les convocaba y elegir a los magistrados entre los candidatos que presentaban los patricios, pero no tenían (en principio) derecho a ser elegidos a las magistraturas ni formar parte del Senado. Eso les llevó a luchar para obtener derechos iguales a los de los patricios.

 

Ciudadanos plebeyos ejerciendo el voto en uno de los Comicios en los que se elegían magistrados.

 

 

El primer enfrentamiento de los plebeyos tuvo lugar apenas quince años después de la proclamación de la República. Cierto día del año 494 a. C., los plebeyos dejaron de cultivar la tierra, de comerciar y de servir en el ejército, y se retiraron a la colina del Aventino, proclamando que no volverían a sus tareas hasta que se reconocieran sus derechos. La amenaza llevó al senado a concederles unos magistrados especiales, los tribunos de la plebe, encargados de defender los derechos de los plebeyos. Dispondrían, para ello, del derecho de veto sobre cualquier resolución senatorial.

 

 

 

En el siglo IV a. C., los plebeyos conseguirían que se les autorizase a desempeñar cargos públicos o que se permitiera el matrimonio entre plebeyos y patricios. 

 

 

 

 

 

 

A medida que la república romana extendía sus territorios, y aumentaba su poder, algunos plebeyos fueron enriqueciéndose y llegaron a compartir el poder con los patricios, convirtiéndose en la  nobilitas.

 

Desde el siglo III a. C.,  los plebeyos pudieron entrar en el Senado y lograr las máximas magistraturas y las únicas diferencias entre los ciudadanos, fueran de origen patricio o plebeyo, radicaban en el nivel de riqueza o prestigio.

 

 

Desde el siglo III a. C., la población de Roma se estructuraba según los derechos legales y su riqueza. La primera gran división era entre hombres libres y esclavos. Los hombres libres podían ser ciudadanos o extranjeros. A estos últimos se les permitía residir en Roma, pero carecían de derechos políticos. Los ciudadanos, patricios y plebeyos, no siempre tuvieron los mismo derechos políticos, como hemos visto. También eran hombres libres y ciudadanos los libertos, antiguos esclavos liberados, aunque seguían manteniendo alguna relación de dependencia jurídica con el antiguo amo, ahora patrono del que recibían protección. También la mayor parte de la plebe tenía algún tipo de dependencia clientelar con las ricas familias nobiliarias patricias o plebeyas.
Las grandes fortunas agrarias constituían la nobilitas, los menos ricos o los que obtenían su riqueza del comercio, la banca o la artesanía constituía el orden ecuestre o de equites. El nivel de riqueza de estas dos clases sociales les permitía desempeñar cargos públicos. Por debajo de ellos, estaban los ciudadanos, la plebe o el pueblo romano, que no podían permitirse presentarse a un cargo público ni vivir de las rentas (sin trabajar personalmente), su nivel de riqueza dependía de si eran propietarios de su propio negocio-tierra o trabajaban para otro.
La sociedad romana según su condición jurídica y los ciudadanos según su riqueza.
Los esclavos pertenecían a un señor o al Estado y carecían de derechos. Habían llegado a esta situación por nacimiento, delitos o como prisioneros de guerra. Los esclavos eran para sus amos sólo cosas, no seres humanos. El poder de sus amos sobre ellos era ilimitado, pudiendo incluso darles muerte, si bien en la época de la república su situación se hace más humana. El esclavo carece de bienes personales y no puede contraer matrimonio legal. Los esclavos trabajaron en obras públicas, minas, canteras, explotaciones rurales y, por supuesto, como siervos domésticos. 

La Expansión durante la República.

 

Guerras latinas, samnitas y contra etruscos y griegos. (siglos IV y III a. C.)

 

Durante estos siglos Roma se hizo dueña de la Italia central derrotando a los otros pueblos que vivían allí.

 

  • Las guerras latinas. Desde el comienzo de la República, Roma ejerció un poder predominante sobre el resto de las ciudades latinas. Las ciudades del Lacio intentaron librarse de la superioridad de Roma, y de los abusivos pactos que les imponía. Aliándose, cuando la ocasión era propicia, con otros pequeños pueblos belicosos de los Apeninos como los volscos y ecuos. Roma los conquistó en el siglo IV a. C.

 

  • Las guerras samnitas. La mayor dificultad bélica de Roma durante décadas fueron los samnitas, pueblo de guerreros montañeses instalados en los Apeninos al sur de Roma. Durante la segunda guerra samnita se produjo el famoso episodio de las Horcas Caudinas, uno de los sucesos más humillantes en la historia de Roma. Un importante ejército romano, atrapado en un desfiladero junto a la ciudad de Caudium, fue humillado a pasar bajo el yugo de las lanzas samnitas si querían salvar la vida. A pesar de esta victoria parcial, los samnitas fueron derrotados, y se rindieron definitivamente en el año 290 a.C., dejando a Roma el camino libre para expandirse hacia el Sur de la Península.

 

Los soldados romanos desarmados y humillados pasando bajo las lanzas samnitas en las Horcas Caudinas.

  • Guerras contra etruscos, galos cisalpinos y Magna Grecia. En el siglo III a. C., los romanos conquistarían las tierras al norte y el sur de la Italia central. Al norte las ciudades etruscas de Toscana (Etruria) y, luego, las tierras de los galos del valle del Po (la Galia Cisalpina). En el Sur de la "bota" de la península existían muchas ciudades griegas. Allí tuvieron que enfrentarse con el rey Pirro de Épiro (actual Albania), que vino en ayuda de estas polis (Brindisi, Tarento o Crotona) con un pequeños ejército profesional de estilo macedónico. Si éste, en principio, derrotó a los romanos, lo hizo con tales pérdidas (victorias pírricas) que al final Roma pudo hacerse con la Magna Grecia del sur de Italia.

 

Sitúa en este mapa los territorios mencionados en el párrafo anterior.

 

 Las guerras púnicas (siglos III y II a. C.).

 

Era sólo cuestión de tiempo que el camino de Roma se cruzara con el de la otra gran potencia del Mediterráneo occidental: Cartago. En el año 264 a.C., daba comienzo la primera de las tres Guerras Púnicas (así es como llamaban los romanos a los cartagineses).  

  • En la Primera Guerra Púnica, Roma se convierte en la dueña de Córcega, Cerdeña y Sicilia, que pasaron a ser las primeras provincias romanas. Cartago además se vio obligada a pagar a Roma indemnizaciones de guerra millonarias. Para hacer frente a los pagos, en los años siguientes, Cartago conquistó las tierras de la costa y el valle del Guadalquivir de la Península Ibérica, donde vivían los íberos y donde obtuvieron grandes recursos metalíferos de oro y plata para pagar estas indemnizaciones.

 

  • Roma no podía consentir que Cartago se fortaleciera de nuevo, así que puso como excusa el asedio de los cartagineses a la ciudad de Sagunto, que había suscrito una alianza con Roma, para declararles la guerra el año 218 a. C. La Segunda Guerra Púnica sucedió en dos frentes. Mientras Aníbal, el principal líder cartaginés, derrotaba en Italia sucesivamente a los tropas romanas en varias batallas (entre ellas destaca Cannas), Roma decide cortarle los suministros y refuerzos que le podían llegar desde Hispania y desembarca en la ciudad griega de Ampurias. Al mando de las legiones romanas está Publio Cornelio Escipión, que consigue derrotar y expulsar a los cartagineses de Hispania. Los romanos ya no se irían de la península ibérica. En el año 205, sus legiones victoriosas estaban en condiciones de pasar al norte de África y hacer que Aníbal abandonara Italia y se enfrentara en una gran batalla con él en Zama donde Escipión sale vencedor.

Segunda Guerra púnica. Movimiento de tropas y ciudades. Localiza: ciudades como Ampurias, Sagunto, Cartago Nova, Cádiz, Roma, Cartago... ; la ruta seguida por Aníbal; y las batallas de Cannas y Zama.

 http://agora.ucv.cl/docs/528/HIS_ANT/roma/romapa/Guerra1.jpg

 

Recreación de la batalla de Zama (año 202 a. C.), según el pintor renacentista Cornelis Cort, 1567.

  • La victoria de Roma había reducido definitivamente a Cartago a una potencia menor en el norte de África. Sin embargo, los romanos todavía recordaban con pánico los terribles momentos de la amenaza de Aníbal, lo cerca que habían estado de la catástrofe. El viejo Catón, el Censor, un senador célebre por su severidad, no perdía ocasión para recordar que debían aniquilar al enemigo. Sin importar el asunto del que estuviera hablando en la asamblea del Senado, sus discursos terminaban siempre con la misma coletilla: Delenda est Cartago!, ¡Cartago debe ser destruida! Si no, alegaba, Roma jamás tendría descanso, y viviría siempre atemorizada por la amenaza púnica. Al final, Escipión Emiliano, descendiente del gran general que había salvado a Roma en los tiempos de Aníbal, condujo la última Guerra Púnica, en el año 147 a.C. Cartago fue totalmente arrasada.
Esquema de las Guerras Púnicas.

 

Expansión de los siglos II y I a. C.

 

Después de las Guerras Púnicas, aún quedaban grandes reyes que se atrevieron a hacer frente al poderío de Roma, en Grecia, en Turquía y en Siria, pero fueron barridos por la incontenible marea de sus legiones. En el siglo II se conquistó toda Grecia, incluida Macedonia, y el Asia menor. También tuvo lugar en este siglo, como ya hemos visto, la conquista de Cartago; y las guerras en Hispania que sometieron a Lusitanos y celtíberos y con ellos el territorio central de la Península ibérica.

 

Mapa de las conquistas  romanas durante la República. Ejercicio. Señala en tu mapa los territorios anexionados por Roma durante los siglos II y I a. C.

 

 

En el siglo I a. C. se siguió avanzando por el norte de África, Siria y Palestina en Asia. En Europa la mayor conquista fue la Galia Trasalpina (Francia y Bélgica) y parte de Alemania por medio de Julio César, entre el 58 y el 51 a. C..

 

Vercingetorix se rinde ante Julio César en Alesia. Busca información sobre los personajes del cuadro y el momento que representan.

 

 

 

El colapso de la República. El siglo I a. C.

 

Luchas sociales y por obtener la ciudadanía. La Guerra de Espartaco.

 

Los historiadores han debatido mucho sobre el sorprendente afán de dominio, que llevó a los romanos a someter una tras otra todas las naciones del Mediterráneo. Lo cierto es que con cada victoria Roma recibía: oro, plata y piedras preciosas; incontables tributos en especie; miles de esclavos; obras de arte; y animales exóticos. La nobilitas que formaba parte de la oficialidad del ejército se enriquecía por encima de toda medida. Estas riquezas permitían la distribución gratuita de alimento a la ciudadanía, grandiosas obras públicas e increíbles espectáculos que podían satisfacer en parte al pueblo de Roma. Pero al mismo tiempo, las continuas guerras hacían que los romanos más pobres, el populus, que participaban en estas guerras perdieran sus tierras por no poder atenderlas. 

 

 

Así comenzó un clima de gran agitación en el interior de la ciudad, que cristalizó con el famoso conflicto de los GracosLos Gracos, Sempronio y Tiberio, eran dos hermanos de unas de las familias más ricas de Roma, pero que, sin embargo, tenían ideas sociales avanzadas. Al ser elegidos Tribunos de la Plebe, reclamaron, entre otras cosas, la distribución gratuita de las tierras públicas de Roma ("ager publicus") entre los ciudadanos más pobres. Esto iba en perjuicio de los todopoderosos terratenientes que sacaban grandes beneficios alquilándola. Los dos fueron asesinados por la nobilitas o, también llamados desde este momento como optimatesLa muerte violenta de los Gracos y de muchos de sus partidarios no acabó con las demandas populares, sino que fue el prólogo de una serie de conflictos que se sucederían a lo largo del siglo I a.C., el más terrible y convulso de la Historia de Roma. Durante ese siglo, Roma se desangró en interminables Guerras Civiles, cuya causa era precisamente su poder en sus inmensos dominios y el mal reparto que se hizo entre la población de Roma e Italia. 

 

 Uno de los Gracos en el foro romano dirigiéndose a la asamblea de la plebe como tribuno.

Al malestar de las clases bajas de Roma, se le unió el de los pueblos sometidos en Italia durante siglos (marsos, etruscos, samnitas, pìcentinos...), a los que también se les exigían constantes ayudas militares como tropas auxiliares en las guerras exteriores que libraba Roma y por las cuales no recibían nada a cambio. Estos, por tanto, exigieron ser ciudadanos romanos, y ante la negativa de Roma terminaron aliándose entre ellos y declarándose una república unida e independiente a la que llamaron Italia. Los romanos consiguieron sofocar la rebelión, sólo después de muchas pérdidas y de conceder la ciudadanía a los sublevados (90 a 88 a. C.)

 

La guerra contra los socios itálicos de Roma produjo numerosas bajas en ambos bandos, ya que ambos emplearon el mismo armamento, las mismas tácticas y tenían una instrucción similar.  Para más información en esta página.

A eso añadimos los problemas que originaban mantener ejércitos tan grandes y en lugares tan alejados: se necesitaban más soldados y mandos extraordinarios (no anuales) que mantuvieran la dirección de las campañas a largo plazo (4 o 5 años). Así que Roma tuvo que crear un ejército casi profesional, cuando antes lo componían ciudadanos normales. Los soldados de estos ejércitos pronto empezaron a ser más fieles al general que los dirigía y les pagaba que a Roma. De esta manera, generales ambiciosos, apoyados por su ejército y por una facción política (optimates o populares) intentarán hacerse con el poder por la fuerza y sumieron de nuevo a Roma en guerras civiles. La primera entre Mario (popular) y Sila (optimate) terminó con la victoria optimate.

 

Más información en este enlace. 

También estaban descontentos la gran cantidad de esclavos que poseían los romanos, tratados con bastante crueldad en las haciendas y minas. Los esclavos protagonizaron varias rebeliones contra sus amos a lo largo de la República. La más importante fue la que lideró el gladiador Espartaco (73 a 71 a. C.), que demostró repetidas veces su capacidad para vencer al ejército romano y llevar el caos al sur de Italia, formando un ejército de cien mil esclavos.

 

Al final Espartaco fue derrotado por los generales Craso y Pompeyo. 

Los esclavos supervivientes fueron crucificados junto a la vía Apia para que sirviera de aviso y escarmiento a todos los esclavos de lo suicida que era enfrentarse a Roma.
El año 50 a. C., tras conquistar toda la Galia y vencer a Vercingetorix, el Senado, celoso del poder que había alcanzado el líder popular Julio César, le exigió que renunciara a su mando extraordinario proconsular, que entregara sus legiones y volviera a Roma. César puso como condición para obedecer que hiciera lo mismo Pompeyo, general en el que los optimates habían puesto su confianza para defenderse de él, a lo que éste se negó. Entonces el Senado declaró a Julio César enemigo público. César reaccionó cruzando el río Rubicón (límite de su provincia con Italia) en enero del año 49 a.C. con la XIII Legión, dispuesto a hacerse con el poder y avanzó por Italia sin encontrar oposición. En ese momento se inició la Segunda Guerra Civil que duró del 49 al 45 a. C. 

  

La obra de Julio César

 

Al final de este periodo convulso destaca la figura gigantesca de Julio César: el hombre que, por fin, consiguió concentrar en su mano todos los poderes políticos de forma indefinida. César fue, pues, dueño absoluto de la república romana y acumuló cargos y honores que fortalecieran su poder personal: cónsul por diez años, jefe supremo del ejército, pontífice máximo (sumo sacerdote), dictador perpetuo y emperador con derecho de transmisión hereditaria, si bien rechazó la diadema real que le ofreció su lugarteniente, Marco Antonio. El Senado fue reducido a un mero consejo del príncipe. Estableció así una dictadura militar disimulada por la apariencia de acumulación de magistraturas civiles.

 

Julio César fue un general excepcional. Conquistó la Galia Trasalpina y derrotó a todos sus enemigos, a menudo con inferioridad numérica. Busca información de sus batallas más famosas como Alesia, Farsalia, Alejandría o Munda.

 

Ejerció la clemencia con sus enemigos; repartió tierras y fundó nuevas ciudades por todo el imperio; dispuso normativas económicas y financieras que protegían a los pobres; diseñó profundas transformaciones políticas como las leyes que ampliaban la ciudadanía romana a capas más vastas de la población; reformó el calendario...

 

Frases de Julio César. Explica que significan y en qué momento y circunstancias se pronunciaron: «Alea iacta est», «Veni, vidi, vici» y «Tu quoque, Brute, fili mi?».

 

 

Pero, unos sesenta miembros de familias importantes, casi todos senadores, se conjuraron para eliminar a César y restaurar la legitimidad y legalidad de la república. Estaban temerosos de que César se proclamase a sí mismo rey. Roma no estaba madura para semejante cambio y Julio César fue asesinado por este grupo de senadores el día 15 (los idus) de marzo del año 44 a.C.

 

Asesinato de César: ¿Dónde se produjo? Nombra a algunos de los asesinos.

 

 

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