¿Qué es España y cómo se estudia su Historia?

Una reflexión a través de artículos periodísticos o de historiadores sobre el concepto de España y cómo se enseña hoy en día.

 

 

César Antonio Molina:

«Nuestra democracia no supo enseñar el amor a España»

 

El poeta, ensayista, gestor cultural y ex ministro de Cultura repasa el momento actual del país con un cierto desasosiego: «Nunca hubo en España tanta libertad, igualdad y progreso. Tratar de destruir eso es increíble»

 

http://www.abc.es/cultura/cultural/abci-cesar-antonio-molina-nuestra-democracia-no-supo-ensenar-amor-espana-201709240033_noticia.html

 

 

César Antonio Molina, coruñés de 1952, es una figura un poco a la francesa en la cultura española, porque ha combinado la creación con la gestión y hasta con la acción política. Probablemente la poesía constituya su vocación más querida, pero es también un ensayista variado y prolífico y sabe lo que es trabajar en los agobios de la redacción de un periódico. Como gestor cultural reanimó el Círculo de Bellas Artes, dirigió el Instituto Cervantes y puso en marcha la Casa del Lector del Matadero de Madrid. Como ministro de Cultura, Zapatero no permitió que España disfrutase mucho de sus capacidades: lo cesó inexplicablemente y de manera drástica. A Molina, socialdemócrata templado de ancestros republicanos, le gusta meditar mientras camina y sentirse parte de un hilo antiguo: la alta cultura europea. Pide una tónica en un café de la Puerta de Alcalá y comienza a hablar, no con mucho optimismo...

-Por edad, usted vivió en su juventud una etapa de grandes expectativas para España. ¿El país que hemos construido es el que esperaba o se siente decepcionado?

-Nunca pensé, ni en los peores sueños, que llegaríamos a donde hemos llegado. Estos días [hablamos en pleno desafío separatista] son de los más nefastos de la democracia en nuestro país. Ha pasado algo terrible, que es el saltarse las leyes, las normas, la Constitución que condujo a España a los 40 mejores años de su Historia desde su configuración en el siglo XV. Nunca hubo un periodo de prosperidad semejante al actual, ni siquiera con la Ilustración o con Carlos III, o en momentos liberales. Nunca hubo tanta libertad, igualdad, progreso y presencia en el mundo, contar con una lengua con más de 500 millones hablantes... Tratar de destruir todo esto me parece inconcebible.

-A veces parece como si la sociedad estuviese dormida ante el problema, no se percibe que reaccione mucho...

-La sociedad ha confiado en la democracia, que es un sistema pacífico de convivencia. La agitación social nos podría llevar a un sistema no pacífico, que creo que es lo que está buscando el nacionalismo en Cataluña. Quieren romper las normas, la paz social y el Estado de derecho. Como lector de filosofía política muchas veces cito a Noberto Bobbio, quien decía que o existe un diálogo o se pasa a un estatus incontrolable.

-¿Pero qué diálogo es posible? ¿Sobre qué?

-Es que yo creo que no solo los políticos deberían haberse encargado de esto. Diversos extractos de las sociedades catalana y del resto de España tendrían que haberse puesto a dialogar entre ellos. Los intelectuales de un sitio y el otro, los empresarios, los profesores, los abogados... La sociedad debería intervenir también activamente.

-Ya, pero se ha extremado tanto el desafío.... El país se enfrenta a dirigentes que tan solo aceptan formar su república.

-Sí, pero ese proceso ha llevado años y ha habido esa posibilidad que citaba, la de esa conversación permanente. Incluso durante la República hubo varias reuniones de intelectuales.

-Pero al final la autoridad hubo de bombardear el Parlamento catalán para mantener la unidad de España.

-Ya. Pero los problemas se podrían haber matizado todos estos años, aunque tal vez no se habrían resuelto. Mucha gente en Cataluña se ha sentido sola, poco menos que abandonada por el Estado. Evidentemente una persona que es nacionalista lo es. Dentro del nacionalismo están también el fanatismo y el sectarismo, una enfermedad casi incurable. Pero me pregunto: ¿Por qué se cedió la educación? ¿Por qué nuestra democracia no fue capaz de explicar la Historia de España? De la misma manera, me gustaría que la UE explicase a todos los europeos en los colegios la Historia de Europa, algo que todavía no se ha hecho. De ahí derivan los grandes males. Si tú no eres capaz de estudiar tu propia Historia, los hechos se narran de manera diferente en cada lugar. Nuestra democracia no reparó en que la educación era fundamental. Mal llevada crea a gente fanática. Lo estamos viendo incluso con los yihadistas. Al crear las autonomías se pensó que la Historia de España estaba acabada, que los 500 años ya estaban cerrados, que este país tan complicado había quedado arreglado. Pues no. Se tenía que haber seguido cuidando la educación de una manera científica.

 «Aquí, 

-Usted se considera socialdemócrata. ¿Tenemos una izquierda que se avergüenza de España? Por ejemplo, determinados intelectuales y artistas españoles no se atreven a defender en público a su país, o hasta reniegan de él.

 -Bueno, ahí se siente el peso de la guerra y de 40 años. La democracia debió ir soldando todo, aclarando y explicando los sucesos y acontecimientos históricos de una manera lo más científica y aproximada posible para tener una idea del país. Uno de los problemas de España es que la mayoría de la gente no sabe en qué país vive.

-Sí lo sabe: el de la Liga, Zara, las tapas y El Corte Inglés. Y no lo digo solo como caricatura.

-Bueno.... En Francia cualquier persona sabe qué es Francia. En gran parte por la escuela laica republicana, que ha sido fundamental. La bandera y el himno merecen un respeto impresionante, porque todo el mundo sabe lo que representan. O en Inglaterra. Aunque estén Escocia y Gales, son respetuosos, institucionales, con cientos de películas contando su Historia como les ha dado la gana. Incluso tenemos el ejemplo alemán. Lo que hizo Alemania durante la guerra fue terrible. Han tenido que explicárselo a varias generaciones de ciudadanos y lo han sabido hacer.

-Y no se tradujo en un odio al propio país.

-No, claro. Porque lo han explicado bien. Han asumido una culpa y han explicado la historia. En este país habría que asumir una o muchas culpas y hacer lo mismo, explicar el pasado. Pero no se ha hecho. Cualquier autonomía tiene la historia de su lugar, donde se dicen muchas cosas, y no quiero citar comunidades, que a mí me dejan muy sorprendido. Hay una tergiversación de los hechos históricos para valorarlos de manera localista. Es como si los franceses dijesen que Napoleón le ganó a Wellington, o que vencieron junto con nosotros en la batalla de Trafalgar. O como si los ingleses negasen que Nelson murió en esa batalla.

-En este contexto, ¿no es un error no disponer de un Ministerio de Cultura, hoy fusionado con Educación? Y más hablando de un país con el tesoro del español.

 -Bueno, es que esto viene de muy atrás. Lo que deberíamos tal vez haber tenido es una especie de consejo de sabios, como hizo Europa para intentar crear una Historia para todos los alumnos, aunque esté todavía en el aire. Estudiosos de todos los lugares que fuesen capaces de crear esa Historia común de España, o que al menos que lo intentasen. Ni siquiera hemos tratado de hacerlo. Ayer mismo leía en ABC que muchos editores están hasta la coronilla de los cambios constantes de las Comunidades en los libros de texto, y es verdad. La suma de uno más uno es igual a dos, en todos los sitios. Pues con los hechos históricos pasa igual. Hablamos de 500 años de Historia y en cierto modo es una mentira. Tenemos que hablar de una Historia de España y una Historia peninsular más allá de Roma. Llevamos conviviendo siglos y siglos. ¡Como para ponernos a inventar ahora que unos son mejores y otros peores!

-¿Cómo cree que será la España en que vivirá su hija?

-Mi hija estudió en Madrid en un liceo francés, porque su abuela es francesa y porque queríamos que hablase idiomas. En España es un colegio privado, pero en Francia es un instituto público. Estudió la historia, literatura y arte de Francia y también las de España. Lo curioso es que lo que le enseñaban allí de España era absolutamente convincente y claro. Y yo a veces pensaba que hasta más claro que en colegios españoles. Ella ha viajado por todo el mundo y ve, como vemos nosotros, que este es un país que no se quiere a sí mismo. Francia se quiere, o Inglaterra, Alemania. Con sus más y sus menos, porque en el amor hay picos, pero lo sienten. La gran pregunta es por qué no nos queremos. Y no es una pregunta solo del tiempo de hoy, es lejana. ¿Por qué a Teresa de Ávila, una santa, le queman su biblioteca? ¿Por qué a San Juan de la Cruz le hacen la vida imposible? Tenemos un país con una Historia gigantesca y maravillosa. ¿Por qué semejante crítica con uno mismo?

-Pues eso: ¿Por qué?

-Marlon Brando fue un gran defensor de los indios, como es sabido. En sus memorias le hablan de Colón. Él responde que el peor fue John Wayne, como un modo de indicar que quienes peor se han portado con los indios fueron los estadounidenses. Echarnos toda la culpa a los españoles es absurdo. Se hicieron malas cosas, y los propios españoles las criticamos en su momento, pero eso continuó después a manos de otros, y todavía peor. No se puede juzgar el siglo XV con ojos de hoy. Nuestra democracia no ha sabido enseñar el amor al país. Eso se logra con educación y cultura. Y aquí, en general, se ha invertido muy poco dinero en educación y todavía menos en cultura. Hay que explicar la Historia de nuestro país. Contar que lo hemos construido entre todos, que los idiomas pueden convivir, que nadie ha sido enemigo de nadie. Pero si a un niño le dices desde pequeño que está colonizado, que los de fuera le coartan la libertad, que hay que luchar contra eso... Muchos niños reaccionarán y no lo creerán, pero otros sí. Umberto Eco y Bauman recuerdan que las lenguas son maravillosas, una gran creación del ser humano, y hay que protegerlas a todas. Pero también las puedes utilizar como un arma contra los demás. Y eso es tremendo. Si dejas que la mentira se imponga permanentemente en los medios y nadie actúa contra esa mentira... malo. «Los españoles nos roban». Nadie actúa. El Estado debería haber actuado: «A ver, ¿quién dice eso? Demuéstremelo usted». Sabemos que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, como decía Chateaubriand. Por poner otro ejemplo: la guerra aquella no fue de secesión, ¡era de sucesión!, se trababa de si se iba con los Austrias o los Borbones. Pero...

-¿Quién va a ganar al final?

-Ahora la situación es ya muy difícil, porque no se hizo la contención de la que vengo hablando. Estamos ya en el yihadismo nacionalista. Ahí es a donde hemos llegado. Es pavoroso ver como en la manifestación de Barcelona no hubo una palabra contra los terroristas ni para los muertos.

 

Muy personal

César Antonio Molina Sánchez nació en La Coruña hace 63 años. Estudió Derecho en Santiago y Periodismo en la Universidad Complutense.

Es un escritor de producción constante, culta y variada, Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia y viajero contumaz.

También ha sido ocasional político y un exitoso gestor cultural. Le conforta leer a los clásicos, es muy amigo de sus amigos y conduce un coche achacoso y fuera de moda

Ministro de Cultura de julio de 2007 a abril de 2009. ¿Ya ha descubierto por qué lo cesó Zapatero? Se ríe: «Eso está explicado en unas memorias que tengo acabadas. Pero mira, una persona te nombra y tiene derecho a cesarte cuando quiera. Las formas deben ser distintas, pero bueno. Yo tuve una educación liberal. Mi mayor valor creo que es que soy anti sectario por naturaleza. Cuando iba a los sitios nunca preguntaba si un alcalde era de un partido o de otro. Siempre he tenido por encima la idea del Estado. Confío en que el Partido Socialista de hoy tienda a esto, que vuelva a su centro»

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